miércoles, 13 de febrero de 2008

38 años de heavy metal


Hoy, día 13 de febrero, se cumplen 38 años el nacimiento del heavy metal, legítima creación de cuatro jóvenes de Birmingham llamados Tony Iommi, Geezer Butler, Ozzy Osbourne y Bill Ward. Quién les iba a decir aquel viernes de 1970 (viernes 13, ¿coincidencia?) que lo que acababan de hacer se convertiría en lo que es hoy en día...
En un principio, Earth (así se llamaban entonces) era un grupo de blues. Pero no conseguían hacerse un hueco en la escena local, así que decidieron hacer algo revolucionario, algo que nadie hubiera hecho antes, fruto de su frustración, su enfado y, sobre todo, de sus ganas de tocar las pelotas. Y el resultado fue tan grande que tuvieron que cambiar el nombre de su grupo por el que le habían puesto a su canción. Ese nombre es, como todos sabéis, Black Sabbath.
Lo más llamativo a priori de la canción es que sólo consta de tres notas (dos de las cuales son la misma en distinta escala, creo), en un riff que se repite durante toda la canción excepto el último minuto y medio. Pero también tiene otra peculiaridad: el tono que usaron era totalmente inusual, no se había usado en muchos años. Se le conocía como "la octava del deminio", o "el tono del diablo" o algo así. En la Edad Media estaba prohibido usarlo, y tradicionalmente se había evitado; de todos modos tampoco es un tono muy atractivo para la mayoría de músicas hechas hasta entonces.
El resultado fue una de las canciones más deprimentes jamás escritas hasta la fecha, una composición absolutamente macabra, una atmósfera opresora y desasosegante, a la creación de la cual contribuye enormemente el concepto que la rodea: la portada del disco, la cruz invertida dibujada en el interior de la funda del mismo, la naturaleza muerta descrita en un párrafo inscrito dentro de esa cruz, el sonido de lluvia y tormenta con que arranca la canción, y por supuesto su letra, corta pero intensa, que narra el encuentro del protagonista con una figura demoníaca aparecida dentro de un círculo de fuego, vestida de negro, sonriendo y apuntándole con el dedo.

Ahora os recomiendo que apaguéis todas las luces, paréis un momento todas las máquinas que pueda haber a vuestro alrededor haciendo ruido, activéis este reproductor y cerréis los ojos durante seis minutos y veintiún segundos.





Quedamente cae la lluvia. Los velos de oscuridad envuelven los árboles ennegrecidos, que, retorcidos por una violencia invisible, siembran sus cansadas hojas, y doblan sus ramas hacia una tierra gris de alas de aves cortadas. Entre las hierbas, cachorros sangran ante una muerte gesticulante; y gazapos, nacidos muertos en cepos, permanecen inmóviles, como guardando el silencio que los rodea y amenaza con tragarse a todos aquellos que escucharen. Aves mudas, cansadas de repetir terrores del ayer, se agrupan en rincones oscuros, apartando la vista del cisne negro muerto que flota boca arriba en un pequeño estanque en el claro. Una débil y sensual neblina emerge del estanque, que fluye verticalmente hasta acariciar los astillados pies de la estatua decapitada del mártir, cuyo único logro fue morir pronto y que no pudo esperar a fracasar.
La catarata de oscuridad se forma plenamente, la larga y negra noche comienza, aún quieta: Junto al lago, una joven aguarda; sin ver se cree no vista, sonríe levemente hacia la campana que repica en la lejanía y la lluvia que cae quedamente.

¿Qué es esto que se alza ante mí?
Una figura negra que me señala.
Me giro rápidamente y echo a correr;
Me doy cuenta de que soy el elegido.
¡Oh, noooooooooo!

Forma negra y grande con ojos de fuego,
Diciéndole a la gente su deseo;
Satán está allí sentado, sonriente,
Mira las llamas llegar más y más alto.
¡Oh, no, por favor, Dios, ayúdame!

¿Es el final, amigo mío?
Satán viene por la curva;
Gente corriendo porque tiene miedo,
Deberían irse y tener cuidado.
¡No, no, por favor, no!

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