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martes, 24 de marzo de 2015

Bölzer + Mantar. 7 de febrero de 2015. Frenopátiko (Vigo)

Debo empezar esta crónica confesando que no me sonaba siquiera el nombre de estos grupos hasta dos semanas antes del concierto. Pero en Vigo no suele haber mucha música de este tipo, menos aún de grupos extranjeros, así que busqué algo por los internetes y decidí que me gustaban lo suficiente como para gastarme los diez euros de la entrada, que por cierto, era de las de taco, impresa a todo color con el diseño del cartel; una especie en peligro de extinción. Suerte que el Frenopátiko, a pesar de no ser más que un bar pequeñito con un aforo de 70 personas y un escenario de dos o tres metros cuadrados y tres dedos de altura, se mueve muchísimo para traer grupos y montar bolos chulos; espíritu underground donde lo haya, y con mucho trabajo invertido en la causa.

Primero salió Mantar. Son un montón de gente; en concreto, dos. Uno toca la guitarra y canta y otro toca la batería, fin. Aunque esta vez el de la guitarra estaba afónico y necesitaron que el de Bölzer les echara una mano, o una garganta. El concierto fue corto, media hora o poco más, y he de decir que no me entusiasmó, probablemente porque lo que más me atraía de su música en estudio era la voz y fue la voz precisamente lo que cambió. Es que aunque el estilo no es mucho lo mío, me molaba el vocalista porque es muy black ahí tó agónico y hace un contraste interesante. Por otra parte, se me hizo muy grave. No es sorprendente, porque el estilo sludge ese es lo que suele ser, pero lo de acoplar por sistema en los cambios de canción y cosas así no me hace mucha gracia. Una cosa curiosa fue que el cantante se pasó el concierto ¡de espaldas! ¿No le enseñaron educación o qué? Cualquiera diría que estaba en un ensayo.

Parece que despotrico mucho, pero es porque los defectos son muy concretos, mientras que los aciertos son más genéricos: canciones entretenidas, buena actitud, muchas ganas. O sea que, en conjunto, fue un buen concierto. No es el estilo que más me gusta pero pasé un buen rato. Y la portada de su disco mola un huevo.

Bölzer me gustó mucho más, que es exactamente lo que me esperaba. El dúo suizo estaba sanote y no necesitó a nadie más para meter una caña que flipas. En total tienen una hora de música editada, repartida en una maqueta y dos EP de veinte tristes minutos que venden a 8 €. En fin, viven en Suiza, con ese dinero allí te tomas un botellín de cerveza. Respecto al concierto, esta vez no tengo quejas: buen sonido, como también lo habían tenido los anteriores, canciones mucho más molonas para mi gusto y alrededor de una hora de duración. Mención especial al penúltimo tema, «Entranced by the Wolfshook», el clarísimo triunfador de la noche, y una pasada ver al guitarrista mover los dedos de esa manera.

Total. Que viva el Frenopátiko y que se sigan montando bolos así, en ese local o en cualquier otro que se sume a la causa (el Transylvania parece que empieza a asomar la cabecita…).

Publicada originalmente en The Breathless Sleep el 24 de marzo del 2015, archivada en Furia Asgardiana el 1 de mayo de 2019.

viernes, 20 de febrero de 2015

Amon Amarth + Huntress + Savage Messiah. 12 de febrero de 2015. Capitol (Santiago de Compostela)

Por segunda vez, la promotora RockNRock y la productora Sweet Nocturna tuvieron el detalle de traernos a Santiago a Amon Amarth. Es la segunda vez que los veo, tras el concierto que dieron en Vigo en el 2009 en el llorado festival Alternavigo, concierto que estuvo muy bien; cuando estuvieron en Santiago a finales del 2011 no los vi, y no me arrepiento, porque quienes fueron me dijeron que dejó mucho que desear, con lo cual me vi un poco rodeado de escépticos. Había que ver si se recuperaban de la última o si iban a peor. A pesar de todo, entré en la Capitol con optimismo.

Los primeros en salir a escena fueron los powerosos británicos Savage Messiah. El principio de la primera canción me recordó a Iron Maiden, e inmediatamente me dispuse a reírme de ellos por cutres… pero no pude. Sí, había algún toquecillo maideniano, pero las canciones me gustaron un montón, no me parecieron copias de nadie, y me lo pasé muy bien, la verdad. Cuando iban por la quinta canción o por ahí, a uno de los guitarristas se le jodió algo y no se le oyó más; terminada la canción, se disculparon por el fallo y se tuvieron que ir, sin llegar a llenar el ya escaso hueco de media hora que tenían. Una pena, porque de verdad que me lo estaba pasando pipa, además hacía un montón que no iba a un concierto de power.

Los siguientes fueron los californianos Huntress. A estos sí que los conocía; como para no, con el bombo que les dio su sello, Napalm Records. Recuerdo que en su momento escuché unas cuantas veces el debut Spell Eater, que no me pareció gran cosa pero tenía como característica más llamativa la voz de la cantante, una especie de King Diamond en versión femenina (salvando las distancias). Entonces tenía curiosidad por verlos. Tocaron unos tres cuartos de hora y no los disfruté tanto como estaba disfrutando a los anteriores, pero la verdad es que pasé un rato entretenido, y se enrollaron más a hablar con la gente, a veces usando al guitarrista como intérprete. «Yo no hablo español, ¡yo hablo mejicano pendejoooo!» A través de él, la tipa nos contó que la letra de la siguiente canción, «I Want to Fuck You to Death», había sido escrita por Lemmy Kilmister; y nos hizo partícipes también, esta vez en inglés, de la mucha marihuana que fuman en California. Cierto es que el rollo medio provocador que se trae no me convence mucho, pero hay que reconocerle que da espectáculo y que tanto ella como los otros le ponen muchísimas ganas. Y la canción «Spell Eater» sonó genial. En estudio me gusta también.

Ya sólo faltaban los señores cabezas con su melodeath de temática vikinga. Cuando escucho música, sea el grupo que sea, siempre escucho discos enteros; sin embargo, unos días antes del concierto de Amon Amarth estuve escuchando muchas canciones suyas salteadas y me di cuenta de lo que cambiaron estos chavales y, sobre todo, cómo empezaron a mostrar influencias de heavy clásico en sus temas, cada vez más melódicos. Sobre todo de Iron Maiden. Por ejemplo, escuchad «Shape Shifter» en el minuto 1:04 y decidme que eso no es el estribillo de «Aces High»; también «As Loke Falls» tiene momentos muy maideneros. Sí, ya sé que mencioné al grupo de Steve Harris hace dos párrafos. Qué le voy a hacer yo, si medio mundo metalero se basa en ellos. Y por si no fuera poco… ¡van los de Amon Amarth y, a modo de intro, ponen «Run to the Hills»!

¡Buenas noches, Santiagoooo! ¿Cómo estááá? Me hace una gracia loca que nos traten de usted en singular. Pero se aprecia el esfuerzo, por supuesto. Arrancaron con «Father of the Wolf» y «Deceiver of the Gods», es decir, los dos singles de su último disco, Deceiver of the Gods; que aunque ya hace año y medio que salió, aún no lo habían presentado en España (más que en el festival Resurrection de Viveiro, pero no en salas) a apesar de que ya hicieron un par de giras europeas desde entonces. En fin, a lo que íbamos: que empezaron con sus dos grandes éxitos más recientes, y como cabía esperar, fueron muy bien recibidos. De este álbum sonaron dos más, lo que hace un total de cuatro (las cuatro primeras del disco, curiosamente: «As Loke Falls» y «Shape Shifter» fueron las otras), y cuatro fueron también las del Twilight of the Thunder God de 2008, lo cual creo que dice bastante sobre cuál fue el álbum que más fama le dio («el boom de Amon Amarth», como dice una amiga mía). Pero dejemos las estadísticas. Por lo demás, el repertorio no presentó grandes sorpresas: fueron a lo seguro, cogiendo los temas más prominentes de cada disco, lo cual puede decepcionar a algunos que quizá prefieran rarezas, pero está claro que te ganarás a la mayoría. ¿Los momentos estelares? «Cry of the Black Birds», «Twilight of the Thunder God», por supuesto «Death in Fire», y el final con «The Pursuit of Vikings», cuyo estribillo, como de costumbre, nos hicieron cantar, momento que siempre es muy gracioso porque es relativamente largo y casi todo el mundo se lía y acaba diciendo brlg brlg brlg.

En resumen: un inesperado buen rato con Savage Messiah, un espectáculo desenfadado con Huntress y un épico grandes éxitos de Amon Amarth. Buena velada, sí señor. Y Huntress vendía la camiseta más chula de la última década.

Publicada originalmente en The Breathless Sleep el 20 de febrero del 2015, archivada en Furia Asgardiana el 1 de mayo de 2019.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Carpathian Alliance: crónica del sábado 11

Volver al viernes 10

El sábado llegué al festival más o menos a tiempo, aunque me entretuve en la cima con unos tíos muy majos que acababa de conocer y cuando me di cuenta ya era la hora de Viter, grupo que no me quería perder por nada del mundo, y otra vez eché a correr como un loco, total para al final llegar tarde otra vez. Esto sí que me jodió, porque me apetecía muchísimo verlos y no sé si podré volver a hacerlo otra vez.

Permitidme que hable un poco de la corta trayectoria de Viter antes de relatar el concierto. Este grupo fue formado por Vitergzir tras abandonar Kroda, donde había militado varios años, y de momento tienen tres lanzamientos: un EP de veinte minutos llamado Dzherelo (2010) que en mi opinión es una verdadera preciosidad, una joya del metal folki y tranquilito pero totalmente pagano y apasionado al mismo tiempo; luego otro llamado Diva ruzha (2011), junto con un grupo de folk medieval llamado Kings & Beggars, lanzamiento en el que todas las canciones menos una son acústicas; y este verano sacaron, solamente en formato digital, su álbum debut, con un estilo diferente: una especie de folk industrial, como si Rammstein estuviera haciendo una versión suya, y cantado en inglés, no en ucraniano, como el material anterior. Si bien respeto totalmente que hagan lo que mejor les parezca, me da pena el cambio porque antes era una maravilla de música la que hacían y ahora no está mal, pero no me hace demasiada gracia.

Volvamos a los Cárpatos. Cuando llegué estaban tocando una de las del primer EP, “Krov tikae”, que alargaron un montón al final. A continuación vino la espantosa “Marichka”, durante la cual destrozó un instrumento contra el suelo que no me dio tiempo a ver, luego “Wool fish love”, que no está mal, y para terminar, la estupendástica y fantabulosa “Vidrizh”, más coreada de lo que me esperaba (yo me desgañitaba vivo, por supuesto), con un final muy intenso y Vitergzir sacando una especie de pipa/trompa gigante que al soplarle por el extremo pequeño empezó a echar chispas por el lado grande. Aunque también estiraron el final un poco. Será porque tienen pocas canciones y las estiran para llenar minutos, pero me extraña porque tienen material más o menos suficiente, creo yo. Igual no ensayaron muchas. Por lo que me contó una chavala que había llegado a tiempo, abrieron con “Dzherelo” y no sé qué más tocaron. Otra cosa curiosa es que entre canción y canción ponían efectos de sonido de viento y otros elementos boscosos.


Otra vez salió el pavo de la perilla a anunciar el siguiente grupo: Arkona. Estos no se cortaron un pelo en hablar en ruso, y no parece que a nadie le molestara. La mejor descripción de la actitud de la vocalista Masha Scream fue la que, asombrada, me dio la chavala anteriormente mencionada, a quien no le gusta Arkona: "She is a real warrior!" Desde luego, o una guerrera o una motorhead hasta arriba de anfetas, porque es increíble lo que se mueve esa mujer encima de un escenario. Un concierto que desprendió energía por todos lados y muy animado, con un set list corto pero variadito, aunque por desgracia prescindiera totalmente de los primeros discos. Fue la primera vez que tuve la oportunidad de escuchar temas del último álbum en directo y son una pasada, sobre todo "Slovo", que en estudio no me gustaba tanto. Aunque también hay que decir que todo lo que no sale de los instrumentos que hay en el escenario suena grabado desde un ordenador; no se molestan nada en adaptar las canciones para poder tocarlas en directo con menos instrumentos, o en reducir el material enlatado a un mínimo. Por lo menos esta vez estaba presente el gaitero, flautista y soplador en general Vlad Volk, que por cierto, su gaita se la hizo la artesana gallega Susana Seivane.

SET LIST ARKONA:

Arkaim
Ot serdtsa k nebu
Goi, Rode, goi
Slovo
Slavsia, Rus
Zakliate
Po siroy zemle
Kupalets
Stenka na stenku
---
Yarilo

Podéis ver que no metieron muchas fiesteras, de lo cual me alegro. "Kupalets" fue para mí una gran sorpresa; no esperaba que la fueran a tocar en un concierto tan pequeño. "Stenka na stenku" en ruso significa "pared contra pared", con lo que ya podéis imaginar qué actividad típica de los conciertos de metal extremo se montó. Y terminaron con la saltarina "Yarilo" a modo de bis, mientras el frío de la noche anterior empezaba a ser superado o, al menos, igualado.


El siguiente grupo que anunció el de la perilla fue Týr. A estos feroeses los vi el pasado otoño tocando casi exclusivamente canciones de sus dos últimos discos, y no me habría sorprendido que repitieran el mismo set o casi, pero no lo hicieron; si bien los temas recientes fueron predominantes, también cayeron cinco o seis más antiguos. Para mi gusto, las canciones antiguas son muy pesadas. Prefiero las modernas, aunque también es cierto que muchas de ellas son un tanto simples en cuanto a estructura. Pero bueno, estuvo entretenido, la verdad es que no me aburrí, y las que conocía las coreé a gritos, porque sus canciones, otra cosa no, pero coreables son un rato. Por otra parte, el bajista, Gunnar, posiblemente fuera el tío más simpático y enrollado de todo el festival y de Dinamarca y de Europa si me apuras. Al acabar el concierto fue a hacerse fotos con la gente. Hari, el cantante, comentaba más tarde que durante el concierto casi no notaba los dedos de lo fríos que los tenía, pero si metió muchas gambadas yo no las noté.


Seguíamos acumulando retraso, y creo que era casi la una cuando salieron ensangrentados los maestros Moonsorrow a tocar en Ucrania por primera vez en su carrera. ¿Qué voy a decir de ellos? Algo totalmente fuera de lo normal, como siempre. En su paradójico caso, fuera de lo normal es lo normal. Abrieron con "Ukkosenjumalan poika", un clásico de su debut que tocan a menudo pero que aún no me había coincidido de oír nunca en directo. La siguiente fue una grandísima esperada, por ser para muchos la mejor canción del último disco, porque fue la única que no tocaron en la gira anterior, porque montones de personas se quejaron de eso por internet y en persona y porque esa noche debió de ser la cuarta o la quinta vez que la tocaban: la inmensa "Huuto". Casi me siento privilegiado por haber oído ese tema en directo. Pero con Moonsorrow me sucede una cosa: mis canciones favoritas en estudio no lo son en directo, y viceversa, y "Huuto" pierde un poquitín de fuelle. A ver, fue una pasada porque no podía ser nada menos, pero podía haber sido el poquitín más que en directo sí son "Tähdetön" o "Pimeä". Además no me convence el apaño de teclado que hicieron para el principio. Pero el último estribillo casi me sacó la lagrimilla. Luego vino la animada y siempre efectiva "Kylän päässää", seguida por una que ya vi cuatro veces y a cada vez me gusta más: "Jotunheim", tremendamente emotiva.


Más tarde, durante "Kivenkantaja", el guitarrista Mitja dio un resbalón, hizo una elegante finta a ras de suelo que provocó un épico y grandilocuente ¡CHON! por el leñazo que le dio a la guitarra, y con gran arte se puso de pie al momento. Aquello fue para verlo, os lo juro, casi se mata. A continuación vino la coreable y coreada "Sankaritarina", durante la cual se puso a nevar, aunque sólo fuera durante un minuto, y luego a llover. Al terminar, Ville, que estaba con el torso al aire, dijo que notaba que estaba lloviendo y que qué mejor momento para terminar el concierto; supongo que entre el retraso y que se estarían muriendo de frío ya estaban un poco hartos, así que cerraron con "Kuolleiden maa" y el bis que tenían previsto, "Aurinko ja kuu", se quedó fuera. Es una de las que tengo pendientes de oír en directo, a ver si para la próxima tengo más suerte. Al terminar, la chavala que mencioné en los dos conciertos anteriores me dijo, con cara de asombro: "This was the best concert of the whole festival! It was incredible!". Valga su exclamación como resumen.

SET LIST MOONSORROW:

Ukkosenjumalan poika
Huuto
Kylän päässää
Jotunheim
Kivenkantaja
Sankaritarina
Kuolleiden maa

Tras este concierto decidí irme. Me habría gustado ver a los rumanos de Bucovina por lo menos, que eran los siguientes, porque su música en estudio está bastante guay, pero sinceramente, entre la perspectiva de esperar otra media hora al frío ese infernal, o mejor dicho polar, el cansancio de cuatro conciertos y el paseo de dos o tres kilómetros a pie y totalmente a oscuras que aún tenía por delante para llegar al hotel me quitaron todas las ganas de quedarme. De todos modos en este cambio hubo una gran desbandada, si se quedaron setenta personas ya me parecen muchas, y vi una foto del último concierto (tras Alkonost el último grupo fue Paganland) en la que se cuentan exactamente cuarenta y dos personas en el público. Y con esto y un bizcocho, y un paseo bajo un nublado pero ligerísimamente grisáceo cielo nocturno, debido a la época del año y la latitud a la que me hallaba, me despedí del festival más original que presencié hasta ahora.

Volver al viernes 10

martes, 2 de octubre de 2012

Carpathian Alliance: crónica del viernes 10


Ir al sábado 11 

Como podréis imaginar, un festival en lo alto de los Cárpatos ucranianos supuso para un español como yo mucho más que dos noches de conciertos; evidentemente estás leyendo esto porque los conciertos son lo que te interesa, pero espero que disculpes mi entusiasmo por contar someramente cómo llegué allí.

Me bajé de un tren en Lviv el viernes 10 por la mañanita. Un tío muy majo que había sido mi compañero de compartimento me ayudó a pillar el billete a Slavsko, entre otras cosas. Llegué a ese puebliño a las seis y media de la tarde; luego me tuve que buscar la vida para llegar al hotel, situado entre el pueblo propiamente dicho y la estación de esquí (a 3,5 km de aquél y 2,5 km de ésta), trayecto que por pura casualidad acabé haciendo en un autobús destartalado que parecía salido de los años 40 lleno de gente que no me entendía y a la que no entendía, dejé las cosas en el hotel y fui a pie hasta la estación de esquí, adonde llegué a las 21:00, cuando se suponía que el festival había empezado una hora antes. Tuve que esperar por el organizador, que bajó a darme la pulsera, y luego me tocó media hora de telesilla muriéndome de frío en pleno agosto. Resultado: me perdí el primer grupo, que tenía que ser Todestriebe, pero por alguna razón se cambió y los primeros fueron los turcos Moribund Oblivion. O sea que a esos me los perdí.

Bajé del telesilla y eché a correr como un poseso para ver a Dark Funeral, que ya estaban tocando cuando llegué, pero lo que me perdí fue muy poco, sólo una o dos canciones. Era el grupo que más me apetecía ver ese día y la verdad es que estuvo muy bien, es un grupo bastante potente en directo. No hacen nada fuera de lo común, al menos en este concierto no lo hicieron, pero lo que hacen lo hacen bien y sin duda saben captar la atención de la gente. Hacia la tercera canción rompieron una cuerda o tuvieron un problema parecido, y el cantante pidió disculpas y dijo “enseguida volveremos con canciones aún más rápidas”, cosa que me parece un poco… no sé, infantil, pero bueno, el caso es que enseguida arreglaron eso y siguieron a lo suyo ya sin más problemas. Se fueron muy pronto, y creo que se equivocaron, porque luego volvieron pero no fue el típico bis de una o dos canciones, sino que tocaron cuatro o cinco más por lo menos.


Cuando se fueron definitivamente, salió un tío a hablar diciendo que acabábamos de disfrutar de Dark Funeral, gran grupo que nosequé y nos ofrecieron un conciertazo de nosecuánto… Supongo que diría algo así, vaya, porque de ruso voy justo y ni siquiera sé si hablaba en ruso o en ucraniano, pero tenía pinta de ser algo parecido, y luego lo mismo de Carpathian Forest, el grupo que iba a venir. Con la tontería, el hombre se tiró hablando cinco minutos, y lo mismo haría a partir de entonces entre un concierto y otro.

Los noruegos Carpathian Forest daban su primer concierto en algo más de tres años, y fue una situación bastante especial porque precisamente estaban tocando en un Carpathian forest, en un bosque cárpato. Aquí tengo que decir, aunque muchos me odiaréis por ello, que este grupo me gusta lo justito. No sé, se me hace desganado, qué queréis que os diga… No me parece malo en absoluto y puedo entender perfectamente que a otros les guste, pero a mí no, así que no puedo decir que me animaran mucho. Sin embargo, mucha gente se volvía loca con ellos, hubo pogos a mansalva… y el cantante, Nattefrost, es muy gracioso, decía que odiaba ser sentimental pero que nos quería a todos, y que no podía decir esas cosas porque se supone que aquello era black metal pero que estaba enamorado de su público y muchas gracias. Además tiene una voz como acaramelada. Gruñe como un animal en las canciones y cuando habla parece un buenazo feliz y tranquilito con pintura cadavérica en la cara. Debo decir que me gusta mucho más esa actitud, tocando en serio, haciendo música seria y pintados para “dar miedo” pero al mismo tiempo permitirse reírse de sí mismos, que la de Dark Funeral, que van de superduros; y no digo que no les pegue, pero no sé, me gusta más ese equilibrio seriedad-cachondeo. Un policía de bigote muy simpático le dijo a una chavalita loca que fuera a buscar a los miembros del grupo para que le firmaran autógrafos.


Si bien hacía frío desde que llegué arriba, a estas horas el frío ya era bestial para ser diez de agosto. Estaríamos a unos cinco grados. Veía mi propio aliento en una densa nube. Un grupito de personas hizo una hoguera junto al puesto de perritos calientes, pero lo único que conseguí al acercarme fue apestar a humo y seguir igual de frío, así que me puse a dar saltos como un mono mientras salían los colombianos Inquisition, que me sorprendió ver que eran DOS tíos en total, uno en la batería y otro con una guitarra y pegando gritos. El de delante no habló nada hasta terminar la tercera canción; entonces presentó el grupo y dijo: “bien, ahora ya no diré nada más hasta que termine este ritual”. Y así fue. Cuando acabaron la última canción dio las gracias y se piraron. Evidentemente, un tío solo no puede dar mucho espectáculo, pero la verdad es que se apañó muy bien y su concierto estuvo entretenido, aunque opino que su música se parece demasiado a Immortal y su voz, a la de Abbath. Pero no estuvo mal.


Después vinieron los moscovitas Todestriebe hablando en inglés. En algunas zonas de Ucrania, y muy especialmente en la que nos hallábamos, los rusos y su idioma no caen nada bien (no sé si visteis en el telediario que el mes anterior en Lviv hubo manifestaciones y movidas varias en contra de la oficialidad del ruso en Ucrania), y supongo que por eso optaron por hablar en inglés. No sé. En cualquier caso, la parte de que vi su concierto estuvo decente; estos sí que son mucha gente (cinco o seis), su pintura mola y dan espectáculo, pero la música me pareció un poco genérica, black metal del montón. Tampoco estaba para mucho juzgar porque eran las tres de la mañana, el día había sido cansado y me estaba muriendo de frío, así que decidí bajar de la montaña e irme al hotel, perdiéndome por lo tanto a Devilish Impressions y Molphar. En ese momento me sentí felicísimo de no tener que meterme en una tienda de campaña a helarme durante más horas. Me monté en uno de esos endiablados quads que pilotaban viejos locos por diez euracos, pensé que mi vida iba a acabar ahí, y al llegar abajo hubo un giro de los acontecimientos y no sé muy bien cómo acabé emborrachándome con un desconocido y volviendo al hotel en la furgoneta de Dark Funeral… Pero eso, como decía el maestro alemán, es otra historia y debe ser contada en otro lugar (próximamente).


Hablemos ahora del recinto y la organización. Lo del telesilla es muy bonito y muy bucólico y muy romántico pero no quería yo verme bajando durante media hora o tres cuartos a las cinco de la mañana, y los quads eran caros. Este telesilla te deja arriba de todo, en la cima del tope del cumio del pico de la cumbre de la montaña, y luego tenías que bajar unos cinco minutos (o dos si vas corriendo como un descosido como yo) hasta el lugar donde estaba el escenario. Ni había ni cabía mucha gente; no me esperaba un Wacken, evidentemente, pero tampoco creo que hubiera muchas más de quinientas personas allí. Había un "mercadillo" que consistía en un puesto de camisetas pequeño aunque nada mal surtido y una mesa con dos cajas de CDs de black metal a buenos precios, al menos para un bolsillo español, 6 ó 7 € en su mayoría. También había dos puestos de hamburguesas y perritos calientes por un euro (diez grivnas; al principio creía que eran ciento ochenta y casi me caigo del susto, pero al rato me di cuenta de que eso eran los gramos, ¿qué culpa tengo yo de que la inicial sea la misma?) y, cerca de uno de ellos, un tejado portátil con unas cuatro mesas con sillas debajo. Modesto pero apañadito. Lo que no había, ni arriba ni abajo, es un cajero; el más cercano estaba en la estación de tren, a seis kilómetros del principio del telesilla, cosa que me supuso un bonito quebradero de cabeza el segundo día...

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