1987 - Extremaydura / Romperás
Roberto Iniesta y dos tíos más grabaron esta maqueta de dos canciones. No la escuché nunca porque no la encontré. Tras esto, el grupo se disuelve.
1989 - Rock transgresivo (maqueta)
Roberto Iniesta y dos tíos distintos. Grabación muy pobre, financiada mediante crowdfunding analógico (véase la papeleta de la fig. 1), de las mismas canciones que el lanzamiento siguiente, aunque con intros e interludios distintos. La rescataron cinco años más tarde; luego vamos con eso. Si quieres escucharla, está en YouTube.
1989 - Tú en tu casa, nosotros en la hoguera
Tremendo riff para empezar una discografía. La canción a la que pertenece, «La hoguera», sigue siendo a día de hoy uno de los grandes clásicos del grupo, junto con otros dos de este mismo álbum: «Jesucristo García» y «Extremaydura». Pero en general están todas bien. A pesar de lo rudimentario de la producción y todo eso («se hizo con muchas prisas y pocos medios», por lo visto) me parece muy buen debut, simple y directo. La única canción que no me gusta demasiado es la última, «Arrebato». Con respecto a la maqueta, además de la esperable mejora en la calidad de la grabación, varias canciones tienen nuevos arreglos, partes añadidas e incluso partes eliminadas (como un coro de iglesia al final de «Jesucristo García»). Cuenta también con una canción más: «Amor castúo», otro estupendo tema que con el tiempo quedó medio escondido. No busques este disco en Spotify ni en ningún canal oficial porque el grupo hizo todo lo posible por hacerlo desaparecer, pero puedes encontrarlo en YouTube muy fácilmente.
Como anécdota personal, lo primero que recuerdo haber escuchado de Extremoduro en mi vida es la archifamosa introducción «Desde que tú no me quieres, yo quiero a los animales…», en casa de mi abuela, donde mi primo siempre ponía música ruidosa. Yo debía de tener unos 8 años, él me saca 9.
En algún momento entre este disco y el siguiente, Robe decidió que necesitaba otro guitarrista en el grupo porque él solo no daba abasto, así que el bajista cambió el bajo por una guitarra, y reclutaron a un bajista que, al entrar, cambió su mote de Charly Melodías a Carlos el Sucio.
1991 - Somos unos animales
A mi ver, este álbum es el peor. Es una pena, porque los primeros tres minutos de la primera canción, «Tu corazón», son excelentes… pero a partir de ahí, todo va cuesta abajo. La cara A se compone de cinco canciones, a saber: «Tu corazón» y «Quemando tus recuerdos», a la que le pasa lo mismo, empieza muy bien pero a la mitad da un giro radical y se vuelve un coñazo; en el medio de ambas, una bastante punki —con Rosendo de estrella invitada— que ni fu ni fa; y otras dos hechas de coña y completamente prescindibles. En cuanto a la cara B, las canciones ya son todas normales, en la línea del disco anterior… pero no son gran cosa. Quizá la mejor del álbum sea la última, «Necesito droga y amor».
Si bien hace un año este disco no me gustaba nada, ya estoy medio reconciliado con él; al menos con su segunda mitad, que más o menos se puede disfrutar si empiezas por ella directamente, en lugar de llegar harto de la primera. Eso sí, en lo técnico es un paso adelante: coros femeninos, más arreglos en general, teclados incluso con algún momento de protagonismo («Ni príncipes ni princesas»), detalles como ruiditos de monte entre canciones…
Mi verso favorito del álbum es «voy a hacer un tambor de mis escrotos».
1992 - Deltoya
Madre mía, qué discazo, colega. De principio a fin. Por supuesto, había cosas mucho mejores por llegar, pero en este momento es un tremendo salto cualitativo. Ya no hay jotas ni charangas graciosetas, lo que le permite tener mucho más empaque y fluir mucho mejor; además, es que las canciones son todas entre buenas y buenísimas, y las que constan de varias partes diferentes tienen las transiciones mucho mejor hechas. «De acero» es una de las que más me gustan de toda la historia del grupo, y «Deltoya» por ahí anda también. Pero la que más trascendió fue «Ama, ama, ama y ensancha el alma», cuyo estilo me parece muy característico del rock de los primeros 90: tiene el mismo riff y el mismo sonido que cualquier canción del Xabarín Club. Parece que cada disco de Extremoduro tiene un verso memorable; en este caso es «Ella era la reina de las aves y yo le puse cara de ratón». Además, hay títulos que dan ganas de ponérselos a una novela, como «Bulerías de la sangre caliente» o «Con un latido del reloj».
Con este álbum inició la costumbre de terminar los discos con una canción medio de coña: en este caso es «Estado policial», muy punki (de hecho, esta la recordaba de mis tiempos de instituto, y hasta hace dos años estaba convencido de que era de Soziedad Alkohólika) y con mucho ruido al final y una pelea entre un quinqui y un policía; me hace mucha gracia que el primer insulto que le dedica el quinqui al policía es «asqueroso».
Dos curiosidades para terminar. Una es que la canción «Volando solo» tiene a Andrés Calamaro medio escondido en el coro final y un solo de guitarra de Ariel Rot. La segunda es que salió en vinilo doble, lo cual es un desperdicio de vinilo y una incomodidad para el oyente, porque dura los 45 minutos canónicos.
Tras este álbum, el grupo se disuelve y Roberto Iniesta tiene que buscar músicos otra vez. Además, se separa de su pareja y de sus hijos y se muda a un pueblo de Cataluña. Empieza la llamada «época del caos» de Extremoduro, unos años en los que Robe estaba borracho en los conciertos, se olvidaba de las letras y era bastante desastroso en general.
1993 - ¿Dónde están mis amigos?
Tiene un punto raro e inquietante. Reverberaciones medio chungas, guitarras muy enterradas, ¡dos bajistas!, un saxofón que más que alegría lo que aporta es mal rollo, producción un poco extraña… El máximo exponente de esa atmósfera diría que es «Sin dios ni amo», probablemente la canción más sórdida del mundo. Algunas de las canciones son un poco más normales, por ejemplo las dos que posiblemente sean las más recordadas de álbum, «Pepe Botika» y «Bri bri bli bli»; y entre las rarunas las hay que no me disgustan, como «Malos pensamientos», cuyo estribillo (ya no puedo caminar / repto desde hace tiempo) no puede sonar más siniestro, o «Islero, shirlero o ladrón», que es un poco ida de olla pero está chula. Mola también el estribillo de «El duende del parque», muy jevi, aunque desentona un poco con el resto de la canción. El álbum termina de nuevo con una canción muy coñera, «Los tengo todos», cuyo título hace referencia a los pecados capitales. Esa línea de bajo, por cierto, es la misma que la de «Breakthru» de Queen.
El estribillo más idiota del disco y del mundo es «Me gustaría mucho más que te lavaras la cara solo las mañanas que te diera la gana». Mi estrofa favorita es «Para ganar cuando hay algún conflicto / hay que tenerlos bien puestos en su sitio; / para ceder si te has equivocado / hay que comerse los cojones a bocados».
De esta época existe un directo en VHS (disponible en YouTube) titulado Nos tiramos a joder, en el que se puede apreciar a la perfección en qué plan iba el amigo Robe en esta época del caos.
La gira termina con una pelea (literal, a hostia limpia) y el grupo se disuelve de nuevo; aparte de Robe solo queda el bajista.
1994 - Robe, mi pequeña historia
Recopilatorio en dos cintas que solo se vendió por correo. Incluye varias canciones de los cuatro álbumes de Extremoduro, seleccionadas por el propio Robe, con la particularidad de que las del primero están recauchutadas; enseguida vamos con eso. Cada cara termina con una canción nueva: tres acústicas, sin percusión, que también veremos enseguida, y otra más estándar llamada «Autorretrato», a dueto con una mujer y con una estrofa en vasco.
1994 - Rock transgresivo
Una suerte de relanzamiento del primer álbum. Si bien las grabaciones de Tú en tu casa… pertenecían a la discográfica, las de la maqueta, que tenía casi las mismas canciones, pertenecían a Robe. Este acababa de hacerse amigo de Iñaki Antón «Uoho», a la sazón guitarrista de Platero y Tú, un músico con años de conservatorio a sus espaldas y que estaba aprendiendo a ser productor. Este lavado de cara fue en buena parte un divertimento para él, que se encargó de gran parte de las guitarras y arreglos nuevos.
Rescataron las pistas originales de bajo y batería y grabaron voces y guitarras nuevas, así como algún que otro tecladillo y otros toques aquí y allá. Desaparece el pasodoble del guardia civil y otras flokloridades chorras. Las guitarras incluyen montones de arreglos nuevos, punteos en las estrofas, contrapuntos donde antes brillaban por su ausencia y muchos detalles más que, al comparar, dejan muy en evidencia lo esqueléticas que eran las versiones del primer álbum. De hecho, en algunas canciones añadieron tantas cosas que al final es un poco como el barco de Teseo: ¿dónde acaba el concepto de remezcla y empieza el de regrabación? Por ejemplo, «Arrebato», que en la versión original era la que menos me gustaba, ahora es de las que más; y el primer medio minuto no lo reconoce ni su madre.
A esto me refería con las canciones recauchutadas del lanzamiento anterior, pues las que contiene este álbum son exactamente las mismas versiones, más las tres canciones acústicas nuevas, que revelan a un Robe completamente distinto, muy tranquilo y artístico y melódico…, incluso diría que bastante aburrido.
La canción que se quedó fuera, por no estar en la maqueta, fue «Amor castúo», razón por la que poco a poco fue cayendo en el olvido.
En este momento, Extremoduro era Robe y un bajista que ni siquiera participó en este álbum.
1995 (1993) - Pedrá
Disco de una sola canción de media hora. La idea fue del saxofonista de los Reincidentes y lo grabaron músicos de distintos grupos; sin embargo, la composición sí que es de Robe. Aunque se grabó antes del ¿Dónde están mis amigos?, la discográfica no quiso arriesgarse y no se publicó hasta que, dos años más tarde, Robe dio el brazo a torcer y aceptó hacerlo con el nombre de Extremoduro, porque de otro modo no habría vendido nada (y, quién sabe, es posible que hoy no lo recordara ni el Tato). La canción empieza igual que «Stairway to Heaven» (me da igual si opinas lo contrario), lo cual hace más gracioso que unos minutos después Robe esté gritando «¡chocho peludo, chocho chocho peludo!». Tiene mucha experimentación en cuanto a voces robóticas, gritos, juegos con el estéreo y cosas así —aunque siempre son detalles pequeños aquí y allá—, por no hablar de los arranques flamencos y el trombón. Debió de ser un lanzamiento bastante sorprendente en su momento, porque las canciones de Extremoduro no solo no habían sido nunca muy largas, sino que además estaban haciéndose cada vez más cortas, y de repente aparecen con esto. Década y media más tarde, Robe depuraría mucho más su técnica en lo que a composiciones largas se refiere —en esta «Pedrá» hay algunas transiciones no del todo naturales—, pero aun así, posee coherencia interna, temas recurrentes y todo lo que tiene que tener una canción para ser eso mismo, y no varias grabadas en una sola pista.
La primera vez que la escuché no me gustó mucho, pero pronto le cogí cariño y acabé enganchadísimo, hasta el punto de ponérmela tres o cuatro veces en un día. Me parece una genialidad, una locura que al principio descoloca un poco, pero en cuanto le pillas el punto descubres una brillantez absoluta. Mi verso favorito es «me sirven las aceras para almohada, soy patrimonio de la Humanidad».
1996 - Agila
Este álbum fue la explosión comercial de Extremoduro. No es casualidad: a las habituales buenas ideas musicales de Robe se unió el saber hacer de Uoho, que se involucró al cien por cien, y aunque por lo demás hay un poco un batiburrillo de músicos distintos, el vasco no solo les dio cohesión, sino que ejerció de productor, arreglista y esas cosas que sirven para pulir un diamante en bruto y hacerlo brillar. En otras palabras, lo mismo que ya dije del Rock transgresivo, pero más y mejor. Por cierto, en esta época, Robe vivía en Andalucía, y el pobre Uoho tenía que cruzarse el país desde Bilbao en coche a cada rato.
Abren el disco cuatro de los clásicos más clásicos de Extremoduro: la maravillosa «Buscando una luna», «Prometeo», que tiene un riff brutal, «Sucede», que tiene otro, y «So payaso», que fue single y una de las principales razones del pelotazo. No obstante, uno de mis momentos favoritos es la declamación superdesgarrada de «Ábreme el pecho y registra», que además tiene el mejor título del mundo. La única que no me gusta, y cada vez menos, es «Qué sonrisa tan rara», con el insoportable de Albert Pla.
Esta vez hay varias canciones graciosetas. Entre ellas se encuentran la ocurrente «Correcaminos, estate al loro» —que por cierto, acaba igual que «Welcome to the Machine» de Pink Floyd y, con Uoho de por medio, no creo que sea coincidencia—; la cómico-maligna «El día de la bestia», escrita para la película homónima de Álex de la Iglesia; y las curiosidades «Me estoy quitando», una jocosa flamencada acústica, y «La carrera», rescatada de un grupo que tuvo Robe a mediados de los 80 llamado Dosis Letal que nunca llegó a nada. Punki a más no poder, con una interpretación vocal cojonuda y unos «¡uagh!» muy graciosos que siempre me recuerdan a Immortal.
La anécdota personal es que cuando lo escuché por primera vez, hace cosa de dos años, reconocí casi todas las melodías; pero no de haberlas escuchado en el disco, sino de habérselas oído cantar a mis compañeros de instituto, que estaban todos locos con Extremoduro en esa época. Conocía las canciones pero nunca había oído cómo sonaban en realidad, la instrumentación ni nada.
Parece ser que, durante ese año, Robe por fin logró centrarse, y terminó la era del caos. También fue más o menos por ahí cuando volvió con su mujer, de quien ya no se volvería a separar.
Y agila significa espabila en extremeño.
1997 - Iros todos a tomar por culo
Es raro que un disco en directo me guste y también es raro que me disguste. En general, me dejan indiferente. Este, sin embargo, me parece buenísimo, por el motivo principal que hace que un disco en directo sea buenísimo: todas o casi todas las canciones tienen arreglos distintos que las versiones de estudio, y son diferencias que se notan si conoces las originales. Era una gira conjunta con Platero y Tú (el bueno de Uoho hacía doble jornada) en la que muchas de las canciones las tocaban juntos y también revueltos, razón por la que aparece de vez en cuando Fito el Fitipaldi a la voz, en «Deltoya» se distinguen tres guitarras, etcétera. Especial mención merece «Jesucristo García» y su larguísimo inicio con solos de guitarra, mientras el público se encarga de ponerle voz a la primera estrofa.
El disco tiene el valor añadido de que abre con «Amor castúo», lo que seguramente sorprendió a muchos, que debieron de pensar que era una canción nueva: recordemos que se había quedado perdida en un disco descatalogado. También sirvió para que quienes nunca hubieran visto al grupo en directo descubrieran la costumbre de Robe de recitar fragmentos de poemas entre canción y canción, costumbre que mantuvo a lo largo de toda su carrera musical.
Acabada esa gira, que por supuesto era la del Agila, Robe les alquiló a Uoho a los de Platero y Tú. Además de verdad: les pagó un millón de pesetas a cada uno de los otros tres integrantes para compensar que durante un año no iban a poder trabajar con él.
1998 - Canciones prohibidas
Tras la experiencia del Agila, Robe entendió cuánto mejor queda la música cuando se hace bien, y le dio carta blanca a Uoho, que por fin se convirtió en miembro oficial de Extremoduro. Además, la discográfica se había encontrado con un filón en ellos, y también les dio manga ancha para que se tomaran su tiempo en el estudio.
Sin embargo, esta vez se pasaron un poco de frenada. Hay quien dice que está sobreproducido. Hay quien dice que es «muy radio». Ambas cosas son verdad; yo digo que tiene exceso de azúcar. Ojo, porque no son todas las canciones tampoco, pero en algunas sí que se pasaron. Es verdad que desde el principio a Robe nunca le dio miedo ponerse blandito, y en realidad es una de sus fortalezas, pero es que algunos efectos y arreglos llegan a caer en la cursilería. Las dos canciones más afectadas son «Salir» y sobre todo «Golfa»; esta última soy incapaz de escucharla entera sin arrugar la cara. Son efectos de estudio que no sé nombrar, pero sé que tienen nombre. Si fuera un producto comestible, serían saborizantes de los que empiezan con E. Me parecen una pijada máxima y lo más antipunk del mundo. Pero parece que soy el único que piensa así, porque fueron las dos canciones que más trascendieron de este disco.
No obstante, también encontramos el extremo opuesto: no es solo que también haya canciones cañeras, sino que «Enemigo» está entre las más cañeras de su discografía. Otras que dejaron un poco más crudas son «Extraterrestre», que me parece feísima (a pesar de que el primer minuto es 100% Judas Priest, luego lo echa todo a perder), y las más tradicionales «Esclarecido» y «Érase una vez». En una categoría intermedia, trabajadas en estudio pero sin perder la vergüenza, tenemos la cojonuda «Su culo es miel» (con su desconcertante momento Santana por el medio) y «Autorretrato», en una versión mucho más trabajada que la que ya había salido en el recopilatorio de 1994. Esta última es la leche: Uoho se vino arriba y se marcó un Bolero de Ravel con quinientos mil instrumentos tocando la misma melodía en un contrapunto cíclico. El disco termina con una «Noche de paz» muy macarra como gracieta final.
2001 - Poesía básica (Extrechinato y Tú)
Extrechinato y Tú fue en realidad un proyecto paralelo cuya única intención era este álbum, sin planes de continuidad. Se trata de un trío formado por dos miembros de Extremoduro y dos de Platero y Tú para poner música a poemas de Manolo Chinato, que se les une recitando algunas partes y completa así el cuarteto (¿qué pasa, no te dan las cuentas?). En casi todas las canciones cantan tanto Robe como Fito Cabrales, en casi todas aparece Chinato declamando fragmentos de sus poesías, y todas las letras están basadas por completo o en parte en poemas suyos; excepto «Si el cielo está gris», cuya letra escribió Fito por su cuenta.
Musicalmente, cada canción es un poco de su padre y de su madre, la verdad. Se mueven sobre todo entre el rock y la rumba, rollito cantautor de vez en cuando, pero hay una que difiere mucho de todas las demás: se trata de «Tres puertas», cuya instrumentación se compone principalmente de cuerdas frotadas y vientos más batería, y que suena a banda sonora de película de vaqueros o de aventuras de los años 60-70. Por encima, la voz de Robe declamando. La leche.
2002 - Yo, minoría absoluta
Qué disco, amigos, qué disco. Como el Deltoya pero elevado a años luz diametralmente electromagnéticos. Tras los excesos del anterior llegó el álbum más jevi de toda su carrera, apasionadísimo y con unos temazos que flipas. El arranque con ese gruñido no podía ser mejor (desapareció en todas las versiones de streaming; para eso sirve comprar discos) y la canción que introduce, «A fuego», es una apertura de la hostia, menuda locura. «Puta» es otra cancionaza increíble, el riff central es el mejor que existe en el universo. Y además cuenta con dos de las canciones que más éxito cosecharon: «La vereda de la puerta de atrás», la balada más bonita del mundo, y eso que ni siquiera es una balada; y «Standby», que también es la balada más bonita del mundo, solo que esta sí es un poquito balada, y además contiene el verso más bonito de la historia de la humanidad: «bebe rubia la cerveza para acordarse de su pelo».
He dicho que es el disco más jevi, y quiero hacer dos puntualizaciones. La primera, que no todas las canciones lo son; hay algunas por el medio un poco más tradicionales, que molan también. Y la segunda, que lo de jevi no lo digo solo por lo cañero/guitarrero, sino también por algunas sorprendentes influencias ochenteras. El riff que abre «Puta» es el mismo que el de «Two Minutes to Midnight» de Iron Maiden y «Stand Up and Shout» de Dio. El inicio de «La vereda» se parece mucho al de «Breaking the Law» de Judas Priest aunque las melodías sean distintas. Y si a «Buitre no come alpiste» le cambias a Robe por Paul DiAnno con una línea vocal diferente, perfectamente podría estar en el segundo disco de Iron Maiden.
No quiero dejar de destacar la última canción, «La vieja», que a pesar de ser la típica coña de cierre de disco (la última que harían) y tener todo un teatrillo chorra hacia el final, me encantan tanto la delicadeza de la primera mitad como el fantástico crescendo de la segunda.
Y no me digas que la portada del Cristo con dos pistolas no es para darle un premio Goya.
(ah, no, que Goya era actor)
Por cierto, tras una década dando bandazos, por fin se estabiliza la formación: la de este disco sería la definitiva.
2004 - Gira 2002
Otro directazo excelente, en este caso únicamente en vídeo. De nuevo tenemos variaciones en muchos de los temas, orgía de solos y esas cosas que molan. Curiosamente, tiene un ritmo bastante acelerado, lo que hace que todo el concierto suene muy jevi, como el disco que presentaban. No tengo mucho más que decir, salvo que qué distintas suenan las «canciones prohibidas» cuando no están cubiertas de delicado algodón y nubecillas rosadas. Lo único que le puedo echar en cara a este directo es el incomprensible coitus interruptus de «La vieja».
2004 - Grandes éxitos y fracasos
Doble recopilatorio en el que la mayoría de canciones están retocadas. Las de los cuatro primeros álbumes están regrabadas por completo (Rosendo incluido), varias de los dos siguientes están remezcladas, y las que en ese momento eran más recientes las dejaron intactas. Las diferencias de las regrabaciones se notan un huevo: la diferencia a nivel de producción es brutal, obviamente, porque a estas alturas disponían de todos los medios del mundo, y todas suenan mucho más potentes, mejores arreglos, algunas voces dobladas… Además, algunas tienen cambios notables, como el reemplazo del saxofón de Dónde están mis amigos por una guitarra, por ejemplo. Eso sí, en cuanto a estructura son todas fieles a las originales, y en ningún caso hay partes nuevas, tempos distintos ni nada de eso.
Fui corriendo a escuchar la nueva versión de «De acero» y me llevé una decepción: sí, la producción es mucho mejor, pero no sé qué le pasaría ese día a Robe que canta varias del Deltoya sin ninguna pasión, como con desgana. Parece que me gusten más a mí que a él… En cualquier caso, es muy buen recopilatorio, muy bien hecho todo. Recuperaron “Amor castúo”, por cierto.
2008 - La ley innata
Primer disco de la última etapa, en la que ya casi nada sería ni muy extremo ni muy duro.
Tras seis años de sequía creativa, en los que Robe se llegó a acojonar de verdad —y los otros tres se tuvieron que buscar a otro cantante para formar un grupo paralelo mientras tanto—, no sé qué musa le vino de repente a Robe, pero hizo (con la inestimable ayuda de Uoho, que no se debe olvidar) una de las grandes obras maestras de la historia del arte en España. Están Las meninas, está el Quijote y está La ley innata, y si no estás de acuerdo puedes patalear lo que quieras, que no tienes razón.
Se trata de un disco de una sola canción, dividida en pistas con títulos, pero vamos, como no estés mirando fijamente al reproductor, no te das cuenta de cuándo cambia de pista ni de coña. Es muy progresivo, en el sentido de que progresa, muta, evoluciona; te lleva por todas las emociones posibles, de la calma a la melancolía a la euforia a la rabia y vuelta a empezar, sin que sepas cómo llegaste de una a la otra. Por ejemplo, tiene el clímax de intensidad en el tercer movimiento, que es donde le pisan a fondo y se ponen en plan destroyer, para luego dar paso, sin despeinarse y sin que te despeines tú, a la parte superdesgarrada y vulnerable de ser perro y oliscarte. La cantidad de detalles que hay aquí, de arreglos, de influencias… Lo escuchas cien veces y no los descubres todos.
Un verso que por alguna razón se me quedó grabado es «se rompió la cadena que ataba el reloj a las horas». Me parece muy visual y surrealista al mismo tiempo. Como curiosidad, hay un préstamo de Bach en la introducción (minuto 4), un pasaje muy David Gilmour en el primer movimiento (minuto 3) y un pasaje mariachi en el segundo movimiento (9:40). Todo Uoho, estas movidas instrumentales son siempre cosa de Uoho.
No sé por qué los mejores discos son sobre los que más me cuesta escribir. Y este es el mejor del mundo; no sé cómo puede existir algo así.
Este fue el único disco que escuché cuando salió, y lo escuché mil veces. Creo que me llamó la atención lo de que fuera una sola composición muy larga, que es una cosa que me atrae mucho (en el 2008 ya tenía la cabeza llena de Moonsorrow). Tres años más tarde sacaron otro disco y ya volví a pasar olímpicamente, ni lo escuché.
2011 - Material defectuoso
Un disco precioso, si bien extrañamente popero a ratos, aunque no necesariamente comercial. La única excepción (a lo de comercial, digo) es la maravillosa «Si te vas», que en este caso sí es una balada con todas las de la ley y, a pesar de sus casi nueve minutos, forma parte de la tríada de canciones más populares de Extremoduro entre los fans llegados en los últimos 20 años, junto con «Standby» y «La vereda» (así es, aunque te cueste creerlo si eres de los clásicos). Popularidad bien merecida, porque el que sea asequible y no tenga absolutamente nada de la guarrería de tiempos no tan lejanos no quita que sea una joya en cuanto a composición y todo lo demás. Y me encanta el primer verso, «se le nota en la voz: por dentro es de colores».
En cuanto al resto del álbum, las tres primeras canciones son comparables en carácter a las partes intermedias de La ley innata: tienen su marchilla, pero son adecuadas para oídos sensibles. Me encanta «Otra inútil canción para la paz», desde ese estupendo arranque (primeros tres segundos) y el riff de saxofón inicial hasta ese estribillo tan pegadizo, y además contiene un verso que me hace mucha gracia: «me acurruco al calor de mis pelotas y me fijo en cómo les crece el pelo», que es lo mismo que expresa la canción de Pink Martini que dice «lay our heads upon the grass and listen to it grow», pero con otras palabras. Si nos ponemos sesudos, la que más destaca por compleja y progresiva es el «Tango suicida», una canción que pasa por muchos estilos y partes diferentes. O sea, no sé mucho de tango, pero no creo que el órgano Hammond sea un instrumento muy habitual en el género; le da un toque setentero, rollo Uriah Heep o Deep Purple. Y sorprende también que la base instrumental de «Calle Esperanza, s/n» sea en su mayor parte de cuerda frotada. En algunos momentos me la imagino cantada por Amaral.
Su portada sería la peor si no existiera Somos unos animales. Anna dice que parezco yo cuando salgo de la ducha.
2013 - Para todos los públicos
2015 - Experiencias de un batracio (single)
Una canción que habían estado tocando en conciertos y que publicaron al terminar la gira; de hecho, la única versión que existe es en directo. Bastante chula, rockerilla pero sin pasarse, al estilo de lo que venían haciendo en los últimos tiempos.
Tras esto, hicieron un parón que, aunque no estaba planeado, acabó con la disolución del grupo en 2019. Iban a hacer una gira de despedida pero llegó la pandemia y tampoco salió adelante. Así que este fue el extraño fin de Extremoduro. Pero Robe, en realidad, ya llevaba años haciendo otras cosas por su cuenta.
2015 - Lo que aletea sobre nuestras cabezas
Por lo visto, el amigo tenía canciones que eran demasiado blanditas incluso para el Extremoduro reciente, y les dio salida con un grupo nuevo en el que todos los demás miembros son músicos de conservatorio. Es un disco con poquísima guitarra, solo sirve de acompañamiento muy secundario, y olvídate de la distorsión. La voz cantante, aparte de la propia voz cantante, la llevan el violín, el piano, el clarinete y, a ratos, el saxofón. Además hay un cantante adicional, con un chorro de voz potentísimo que les da mil vueltas a la mayoría de cantantes de España hoy día (y ni hablemos de Robe), pero que queda relegado a un segundo plano permanente. Queda bien como acompañamiento, pero me parece un poco desperdicio, porque podía hacer mucho más.
Nada de eso obsta para que el disco me guste mucho. El inicio con «Un suspiro acompasado» no podía ser mejor; además, me encanta el recurso de ir añadiendo instrumentos uno a uno. Dentro del rollo tranquilito, no faltan momentos bastante apasionados, como el clímax de la «Nana cruel» o el estribillo de «Guerrero» (llegar al Olimpo y robar el fuego). Esas tres quizá sean las canciones que más me gustan, pero en general me gustan todas. Que quede claro además que cuando digo que es tranquilo, no significa que todos los ritmos sean lentos. Hay de todo, partes con más marchilla y partes con menos. Pero vamos, caña cero. Ni siquiera es rock. No sé cómo clasificarlo, la verdad.
2016 - Destrozares: canciones para el final de los tiempos
Mismo rollo que el anterior pero con menos guitarra todavía. Me encanta «Del tiempo perdido», que tiene un estribillo maravilloso («andar, lo que es andar, anduve»), al igual que «La canción más triste», pero que el título no os lleve a engaño: son todas igual de tristes. La única un poco alegre es «Puta humanidad», lo que contrasta con su letra apocalíptica. Son canciones de estilo bastante similar a las del álbum anterior, y salieron con muy poca diferencia de tiempo, lo que me lleva a creer que tenía muchas canciones y decidió repartirlas en dos discos. Pero no lo sé con seguridad
2018 - Bienvenidos al temporal
Directo grabado en tres escenarios, los dos más bonitos de España (el Palau de la Música de Barcelona y el teatro romano de Mérida) y el más feo (el Palacio de los Deportes / Wizink Center de Madrid). Incluye todas las canciones de sus dos discos en solitario, más «Si te vas», la canción menos Extremoduro de Extremoduro, en una versión menos Extremoduro todavía. Si bien como álbum no me interesa mucho, porque todo es bastante parecido a las versiones de estudio, el vídeo lo disfruté bastante, lo vi varias veces ya. Recomendado si te gusta ver a Robe enfadándose cuando la gente grita y jalea y no le permite tocar sus nuevas canciones, «con un sonido introspectivo e intimista, más maduro».
2019 - Calle Melancolía (single)
Versión de Joaquín Sabina que grabaron para un tributo hecho por lo más granado y deprimente del panorama español. La menciono porque es una versión buenísima, la hace totalmente suya, con una duración bastante mayor que la original y solos de guitarra tó chulos del recién incorporado guitarrista Woody Amores. Pero lo más significativo de esta versión es que supuso la vuelta de la caña a la música de Robe, probable consecuencia de la disolución definitiva del grupo madre, que sucedió en esta época.
2021 - Mayéutica
Discazo de flipar en el que, de nuevo, nos hallamos ante una canción larga, dividida en partes que fluyen sin pausa ni diferenciación clara, y según el interior del libreto del CD, se trata de la segunda parte de La ley innata. Además, como anunciaba la versión de Sabina, es la vuelta de Robe al redil rockero, a la distorsión y a los baquetazos como es debido. No llega en ningún momento a la caña burra del tercer movimiento de La ley, pero sí que hay solos de guitarra a mansalva; y en cualquier caso, esto es heavy metal del duro si lo comparamos con los dos discos anteriores.
Es inevitable la comparación con La ley innata, y encontramos dos diferencias. La primera y más obvia es que, al tratarse de un grupo distinto que tiene un violinista, un pianista y un cantante adicional, que no son invitados sino miembros integrales, sus aportaciones están siempre presentes (aunque es cierto que desaparecieron los clarinetes y las cosas de soplar). La segunda es que no hay un crescendo, clímax y diminuendo como en el disco de 2008, sino que la intensidad es más o menos uniforme a lo largo de la obra, y curiosamente, la emoción que predomina es la alegría. Es un chute de energía de principio a fin, transmite muy buen rollo y es imposible no venirse arriba con los estribillos de la puta loca, de ahora es el momento y del dueño de mis emociones.
Este álbum estaba pensado originalmente para Extremoduro, y desde entonces llevaba dos o tres años en un cajón; según Uoho, estaba terminado y a dos semanas de entrar a grabar. En algún lugar seguramente haya una maqueta completa de la primera versión, pero no creo que la vayamos a oír nunca.
2023 - Se nos lleva el aire
Este fue el proyecto de Robe durante la pandemia. Lo que le salió fue de nuevo un disco rockero, aunque esta vez vuelve a la estructura de canciones independientes y de duración más típica. Abre con una de las más tranquilas si no la que más, la maravillosa «El hombre pájaro», a mi ver una de las mejores, aunque lo cierto es que me gustan mucho casi todas. Mi favorita es «Ininteligible», menuda montaña rusa de canción, pero también me encantan «Nada que perder», «Viajando por el interior», «Puntos suspensivos»… En realidad casi acabo antes diciendo que la única que no me acaba de gustar es «Haz que tiemble el suelo», se me hace muy ruidosa. Y en «Viajando por el interior» no me hacían falta los ayayayay, realmente, pero qué le vamos a hacer. Sigue siendo una cancionaza.
Con todo, creo que la mayoría estaremos de acuerdo en que la estrella de este álbum es «El poder del arte». No solo es la más larga, sino que también es muy progresiva, pasa por muchos lugares distintos, y contiene algunos de los momentos más apasionados del álbum: tremendo el estribillo de «se hizo la luz en el infierno…». Robe dijo de ella que es el tipo de canción que podría haber estirado hasta hacer que llenara un disco, y creo que basta escucharla una vez para que no queden dudas al respecto. Lo único un poco desconcertante es el final con la referencia a Apocalypse Now y su «me encanta el olor a napalm por la mañana». El álbum termina con la simpática «Esto no está pasando», que casi parece hecha a propósito para corear en directo… y que de nuevo tiene un final un poco raro, en este caso por lo abrupto.
Este final tan raro, que cierra tanto la canción como el disco, acabó siendo el que cerraría también los casi 40 años de carrera de Roberto Iniesta: su voz calló para siempre el 10 diciembre de 2025, víctima de un problema en el aparato respiratorio que arrastraba desde hacía más de un año y que le había obligado a cancelar los dos últimos conciertos de la gira que estaba haciendo. Su último concierto acabó siendo el que había dado en Vigo un año, un mes y un día antes de su fallecimiento. Su grupo, que, según él mismo, era mucho más cohesionado de lo que había sido nunca Extremoduro, se quedó entonces huérfano; y sus decenas de miles de seguidores, aturdidos y sin palabras.
Se asocia a Extremoduro directamente con Robe, y es correcto, porque estuvo al timón desde el primer día, y si el proyecto salió adelante fue por su perseverancia; pero hay que tener en cuenta que, si bien los primeros años decir Extremoduro era decir «Robe y sus compinches», a partir del Canciones prohibidas —casi podemos decir Agila— y hasta el final, Extremoduro fue un dúo. Robe tuvo siempre muy buenas ideas, pero no sabía desarrollarlas; da la impresión de que tocaba lo que le salía, por instinto, sin planteárselo demasiado. Por contra, Uoho es un fenómeno de los arreglos, el que refinaba el petróleo que sacaba su compañero y lo convertía en gasolina de la buena. Ninguno de los dos por separado habría llegado a la altura que llegaron juntos.
Paradójicamente, lo que se suele llamar «carrera en solitario» supuso para Robe, según él mismo dijo, trabajar por primera vez como un grupo. La formación se mantuvo sin variaciones desde el principio hasta el final —salvo por la incorporación del segundo guitarrista, pero no hubo ni bajas ni reemplazos—, y los arreglos los hacían entre todos.
Eso, justamente, es lo que me da esperanzas.
Y es que quizá aún nos quede algo suyo por oír. El penúltimo disco había sido compuesto en 2018, pero no salió hasta 2021; el último fue compuesto en 2020, pero no salió hasta 2023. Aunque no puedo saberlo a ciencia cierta (y a falta de comentarios al respecto de la banda), no me cabe duda de que existen canciones terminadas de esos tres años intermedios. Si es así, ojalá sus compañeros de grupo las graben a modo de tributo póstumo. Ni siquiera tienen que pasar por el incómodo trámite de buscar reemplazo para Robe: ya tienen tanto cantante como guitarrista, por lo que se bastan y se sobran ellos solos. Y si les apetece hacerlo, creo que se lo merecen.
Para escribir todo este rollo patatero, además de mis propias orejas, me serví de tres fuentes:
Extremoduro: de profundis, de Javier Menéndez Flores. No me gusta nada su estilo, es tan adulador que excede los límites de la elegancia, hasta el punto de que cada pocas páginas me daban ganas de cerrar el libro y tirarlo al río. Pero es muy buen entrevistador, y lo cierto es que, en lo que a información y datos se refiere, es una biografía muy completa. También incluye un extenso análisis literario de las letras. Salió originalmente en 2012 o por ahí, pero se fue actualizando en cada edición, y la que tengo yo llega hasta Mayéutica.
Extremoduro: talento innato, de Jesús Casañas. Bastante más breve, porque se centra únicamente en la biografía y toda la información está sacada de otras fuentes (el autor no entrevistó a nadie), pero infinitamente más agradable de leer. Publicado en 2023.
La historia de Extremoduro, de Juan Carlos Ramos Esteve. Un documental en siete mil quinientas partes con infinitamente más entrevistas, más detalles y más todo que cualquier otra fuente sobre cualquier otro grupo español. Disponible en su totalidad en su canal de YouTube, @juancaraes.

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